Mirando la bola de cristal: tendencias y predicciones anuales en Comunicación.

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Como sucede cada año, principalmente durante diciembre y enero, nos encontramos en las diferentes redes sociales con los ya tradicionales informes de tendencias para el año xxxx, los cuales intentan señalarnos las tendencias y darnos las predicciones de lo que sucederá durante el año en temas de comunicación. Lo que leemos son una serie de reflexiones sobre lo que será relevante en el año, y encontramos cosas como “la consolidación de las redes sociales como canal de comunicación de las empresas con sus públicos”, “la comunicación multistakeholder ganará presencia en las empresas”, “los contenidos serán la clave de la acción de las empresas” o afirmaciones de ese tipo. Y todos comentamos y compartimos dichos trabajos e ideas, confirmando, refutando, apoyando o criticando, y por lo tanto participamos activamente en su proceso de difusión y viralización.

La mayor parte de esas predicciones o tendencias que se identifican son ya realidades consumadas o bien pequeños ajustes dentro de las tendencias dominantes (mainstream) sin ningún cambio significativo respecto al año anterior. Y es lógico, puesto que una perspectiva de pocos meses (o incluso, semanas) no permite grandes cambios de tendencia. A menos que haya algún hecho muy significativo que modifique sustancialmente las reglas del juego e implique cambios de gran calado (como sucedió con el accidente nuclear de Fukuyima en abril de 2011 y su impacto sobre la imagen de la energía nuclear y sobre las empresas nucleares).

Por eso, la mayoría de las predicciones para el 2015 acertarán y muy pocas fallarán, puesto que la mayoría de las predicciones realizadas son confirmaciones de procesos ya en marcha. Además cubren todo el espectro posible de situaciones, con lo cual la probabilidad de acierto es muy alta. Incluso, en algunos casos, las predicciones o tendencias  funcionan como profecías autocumplidas, ya que cuando leemos y asumimos dicha predicción, contribuimos a desarrollarla y confirmarla. Por ejemplo, si algún gurú señala como una tendencia clave que “Instagram será la red social clave para las empresas en 2015“, es probable que muchos profesionales que trabajan en la gestión de la comunicación digital decidan abrir un perfil de su empresa en dicha red social “para no quedar rezagados de las últimas tendencias de comunicación digital corporativa”… y de esa manera estaremos contribuyendo a  cumplir la predicción.

Cuando se habla de tendencias, los expertos y analistas serios suele pensar en cambios significativos a largo plazo. El análisis de las tendencias sociales, económicas, tecnológicas, etc., (y por qué no, también de comunicación) suele ser una reflexión con una mirada puesta en “como será el futuro” en 5, 10, 15 o 20 años, que permita reconocer diversos escenarios probables, valorar las posibles oportunidades y amenazas para los diferentes actores y trazar diversas estrategias de adaptación a esos posibles escenarios.

Unas “tendencias para el 2015” (o para cualquier año en curso) indicarían, desde mi punto de vista, una doble cuestión preocupante: por una parte, que algunas personas consideran que el medio/largo plazo (el futuro) son, como mucho, 12 meses, lo cual implica una perspectiva y una visión muy limitada y ligada esencialmente a lo táctico/operativo, al día a día. Y por otra parte, más que “tendencias de futuro” son “realidades de presente”, lo que revela poca capacidad para abstraerse de los signos/marcas de los acontecimientos cotidianos, para valorar aspectos disruptivos o de valor estratégico de medio/largo plazo.

Para emular a tantos gurús, estaba pensando en hacer mis propias Tendencias y Predicciones Capriotti de comunicación para 2015. Pero no las voy a hacer, porque mi ritmo de producción bloguera es tan lento que las predicciones llegarían en octubre 2015. Y también para evitar que algunos tengan la tentación de relacionarme con el ya legendario pulpo Paul.

Extras

Análisis estratégico de Escenarios (F.J. Garrido)

De Conformistas a Revolucionarios

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Una frase que encontré, atribuida a Benedetti (cuando creíamos tener todas las respuestas, de pronto, cambiaron todas las preguntas) fue el punto de partida de este post. Me hizo recordar otra frase, expuesta por Jorge Wagensberg (Director Científico de la Fundación La Caixa): Cambiar de respuestas es evolución. Cambiar de preguntas es revolución. Y también la relacioné con un comentario atribuido a Einstein: si buscas resultados diferentes, no hagas siempre lo mismo. Todas estas frases refieren básicamente al mismo planteamiento: cómo nos enfrentamos a las situaciones (personales o profesionales), y en última instancia, cómo afrontamos el cambio.

En nuestra disciplina (la pueden denominar como quieran: Comunicación Estratégica, Relaciones Públicas, Comunicación Organizacional, Comunicación Corporativa, etc.) podemos encontrar diversos perfiles profesionales en relación con aquella cuestión.

Por una parte, hay una importante cantidad de profesionales y académicos que llevan mucho tiempo usando las mismas respuestas para las mismas preguntas, o sea, dando viejas soluciones a viejas necesidades o problemas: Para solucionar esto se suele hacer esto (las ideas, conceptos y prácticas  “as usual”). O sea, haciendo lo mismo de toda la vida, sin apenas cambios. Estos son los profesionales o académicos conformistas. Siguen funcionando en la profesión (y sobreviviendo) porque están bastante bien posicionados y hay lugar para todos, pero su eficacia va mermando con el tiempo y los cambios. Son “la vieja guardia”, aunque también hay muchos jóvenes profesionales copiando viejas prácticas. Este perfil no cambiará la profesión, sino que la profesión (y el entorno laboral) lo cambiarán a él (y si no cambia, desaparecerá).

Por otra parte, tenemos profesionales o académicos que han evolucionado, y están dando nuevas respuestas a las preguntas (necesidades o problemas) de siempre. Así surgen nuevos lenguajes, nuevos formatos, nuevas herramientas, nuevas maneras de hacer y decir. Para esto tal vez funcionaría esto otro (ideas, conceptos y prácticas “diferentes”). Estos son los innovadores, los que están cambiando las prácticas de la profesión en el día a día. Este perfil ha sabido adaptarse a los cambios del entorno, dando nuevas formas a las viejas prácticas, y sobre todo, ha encontrado nuevas maneras de solucionar los viejos problemas. Estos académicos y profesionales van modificando la profesión poco a poco, y la mantienen a flote con sus ideas y propuestas novedosas.

Sin embargo, son pocos aún los académicos y profesionales que se animan a cambiar las preguntas, lo cual nos llevará no sólo a nuevas respuestas, sino a una nueva forma de ver la disciplina. ¿Qué es lo que realmente estamos haciendo?, ¿Cuál es realmente la necesidad o problema al que nos enfrentamos?, ¿Cuál es el objetivo central de nuestra profesión?, ¿Para qué sirve realmente nuestra profesión? (ideas, conceptos y prácticas “disruptivas”). Estos son los revolucionarios, aquellos que se cuestionan el paradigma actual de la disciplina, y que cambiarán la comunicación de los próximos 50 años. Este perfil académico y profesional es actualmente escaso, porque significa darle la vuelta a nuestra disciplina, saliendo de lo que se llama la “zona de confort”. Son aquellos que se animan a cambiar las reglas de juego, aquellos sacuden los cimientos y obligan al resto a cambiar, son los que liderarán nuestra profesión en el futuro.

Y tú, ¿en qué categoría estás? ¿Eres conformista, innovador o revolucionario?. Tanto en el campo académico como profesional necesitamos gente innovadora y revolucionaria que cambie la disciplina, para que la Comunicación desarrolle y consolide su valor estratégico en la consecución de los objetivos organizacionales. Pero que también impulse el cambio general en el ámbito de las organizaciones, que contribuya a modificar y mejorar nuestro entorno profesional y la sociedad en general.

¿Vamos a esperar a que otros nos cambien las preguntas? ¿Vamos a dejar que otros nos señalen la dirección correcta o establezcan las reglas del juego?. Si es así, no lideraremos el cambio, sino que seguiremos los planteamientos de otros. Y nos seguirá pasando, de forma cíclica, como en la frase de Benedetti…