El camarote de los Hermanos Marx

camarote1

Uno de los primeros posts que escribí para el viejo Bidireccional (allá por el 2006) lo denomine “el nombre de la criatura“, una breve reflexión sobre la terminología utilizada para referirse a nuestro ámbito de la comunicación en las organizaciones (Relaciones Publicas, Comunicación Corporativa, Comunicación Institucional, Comunicación Organizacional, Comunicación Integrada, Comunicación Global, etc.).

En esa misma línea (me he “renovado”, pero no tanto, ja, ja) mi primer post del nuevo Bidireccional intenta una reflexión (y espero conseguirla) sobre la nueva oleada  terminológica que “inunda” nuestro ámbito de conocimiento y trabajo.

En los últimos tiempos he leído y escuchado expresiones tales como “content marketing”, “branded content”, “content PR”, “brand journalism”, “content steward”, “content manager”, etc. y muchas otras que ahora no recuerdo (pero que a Ustedes seguro que les vienen la cabeza). Yo mismo he posteado algún artículo sobre estos temas en los últimos meses en Facebook o Twitter.

¿Estamos realmente hablando de nuevos espacios de trabajo y nuevas prácticas profesionales? ¿O estamos utilizando neologismos o eufemismos (etimológicamente significa “palabras bellas”) para denominar viejas prácticas?

¿Estamos efectivamente ante nuevos planteamientos teóricos? ¿O es un “re-styling” (re-naming dirían algunos) de viejos conceptos que se consideran “old-fashioned”?.

En mi opinión, estamos hablando de algo que la gente de comunicación y relaciones publicas llevamos pregonando y fomentando desde hace muchos años o décadas (algún fanático de las RRPP seguramente me dirá ¡”siglos”!, ja, ja): generar y compartir contenidos y espacios de interacción que nos permitan establecer relaciones estables y duraderas con los públicos/stakeholders.

Las empresas (y sus variopintas agencias de comunicación) han “descubierto” !en la segunda década del siglo XXI !, que a los públicos “hay que brindarles los contenidos que les interesan a ellos y no a las empresas” (frase convertida en objeto de culto en base a su repetición “ad infinitum”). Pues ¡bienvenidos sean los “conversos”! (ja, ja, ja) si con ellos mejoramos nuestro trabajo. Ahora todos estamos volcados en generar, proveer y “patrocinar” contenidos que sean del interés y agrado de los públicos.

Pero si estamos hablando básicamente de generar y compartir contenidos, ¿por qué tanto nuevo “naming”?. Mi teoría es relativamente sencilla, basada en una mirada dual hacia la parte académica y la dinámica profesional.

Por una parte, desde una perspectiva conceptual, en los últimos años nos encontramos con la confluencia de múltiples disciplinas alrededor de ese objetivo central (“generar y compartir contenidos..…”): relaciones públicas, publicidad, periodismo, relaciones humanas, comunicación social, diseño… pero también psicología, sociología, marketing, management. Y en los últimos tiempos (gracias a internet, la web 2.0, la tecnología y demás yerbas) se han sumado los ingenieros, matemáticos, informáticos y otras especialidades técnicas que empezaron en la programación y han extendido su influencia en el campo de los contenidos (o sea, éramos pocos… ¡y encima parió la abuela!, ja, ja). ¡Todos tienen (tenemos) algo que decir sobre la cuestión!. Lo que visto desde una perspectiva integradora supondría algo muy positivo (la interdisciplinariedad o transdisciplinariedad) se ha terminado convirtiendo en un “campo de batalla” donde cada uno quiere imponer su perspectiva (o, al menos, darle preponderancia). Así, se inicia un debate ficticio en pos de delimitar y diferenciar el alcance conceptual de cada una de las expresiones o términos (como ya ha pasado con cuestiones como imagen y reputación, discusión en la cual he participado activamente -pueden ver mi opinión en el capítulo 4 de “Branding Corporativo”-). Esto nos lleva a invertir mucho tiempo y esfuerzo en dicha discusión para no llegar nunca a buen puerto.

Por otra parte, desde el enfoque de la práctica profesional, observamos que, cada vez más, los espacios laborales también se solapan en las organizaciones (disputa típica en los últimos tiempos: ¿quién o qué área debe gestionar los social media en la organización?) y la competencia crece a pasos agigantados. En este contexto “competitivo”, cada actor (profesionales a nivel individual y agencias a nivel colectivo), dentro de las organizaciones y fuera de ellas, se esfuerzan por generar espacios propios que los diferencien de los demás. Y lo hacemos creando nuevas “labels” (o versiones de algunas ya existentes) como una manera de establecer un espacio o “territorio” propio (los seres humanos no dejamos de ser, en el fondo, animales territoriales). De esta manera, “nuevos” ámbitos de trabajo (y de negocio) nacen, crecen, se desarrollan (algunos incluso se “reproducen”, ja, ja) y mueren a una velocidad vertiginosa. Tan rápido, que ni siquiera dejan la mínima huella en la profesión.

De esta manera, esto es como la escena del “camarote de los Hermanos Marx” (de la película Una noche en la Ópera), donde cada vez va entrando más y más gente (personas, agencias, empresas, académicos, etc.) y la habitación (el campo de conocimiento o laboral) sigue teniendo la misma (o casi la misma) dimensión. Los nuevos nombres no son más que intentos de “abrir los codos” para ganar espacio y construir pequeños habitáculos dentro del “camarote” para meternos allí (eso sí, sólo nosotros, si es posible, ja, ja).

Así, ¿son necesarias tantas nuevas denominaciones?. Pues parece que sí: es una cuestión de “mercado” (académico y profesional). Tenemos la necesidad imperiosa de generar espacios propios y diferenciarnos de la cada vez más ingente cantidad de actores en nuestro campo de trabajo. Pero en el camino de lograr nuestra diferenciación, no perdamos de vista el punto de partida (quienes somos y qué hacemos), ni la idea clave (la diferenciación debe ser solvente y sostenible en el tiempo) ni tampoco la meta esencial: desarrollar y compartir contenidos y espacios de interacción que nos permitan establecer relaciones estables y duraderas con los públicos.

Anuncios

5 comentarios en “El camarote de los Hermanos Marx”

  1. Y digo yo: ¿no será ésta expresión con la que el marketing mete el codo en el mundo de los contenidos y los reivindica para sí? Nueva reflexión en voz alta que tal vez exigirá otro post 🙂

  2. Me he divertido al recordar “y dos huevos duros”… con la foto. También me inquieta se demanden profesiones comunicativas casi cada quincena. Hace más difícil entender que la secuencia de servicios que sustituye a las históricas ocupaciones “de por vida”. El error está en considerarlas como sustitutivo de la denominación anterior: no pueden sustituir las culturas nómadas, la cooperación gremial o el rol industrial… Hay algo antiguo y algo actual tras esas denominaciones de servicios de comunicación. Pero nos frustraremos si queremos institucionalizalos, con su colegio corporativo y la defensa de derechos y minutas por trabajo. Para hacerlos sostenibles deben ajustarse a los entornos y las organizaciones, antes incluso de lo que lo harán las instituciones y las empresas. Es en las pequeñas y nuevas organizaciones donde se ejecutarán y especializarán estos servicios, que no tienen pinta de ser para todos ni por siempre. Como no lo fue ningún trabajo en otras edades.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s